No voy a repetir aquí los cientos de adjetivos que durante siglos los poetas y literatos han asignado a Italia. Sólo quisiera decir que TODO el mundo debería ver en su vida, al menos, el interior de la Basílica de San Pedro y la isla de Venecia. A ésta última sí me voy a atrever a ponerle un adjetivo: onírica, en el sentido más surrealista, tenebrosa y fascinante de la palabra.
Quisiera aprovechar también para saludar aquí a toda la gente estupenda con la que tuve el privilegio de conversar durante el viaje: Isao (Mexico), los chavales de Cancún, Marcelo (Argentina), Alasdair (UK), Rubén (Chile/Madrid) y Matthew (UK). |